
D. Ignacio Alonso.

D. Antonio Martínez Acosta.
Desde mediados del siglo XV, se crea en Hormilla un Mayorazgo bajo el apellido de los Londoño. En Hormilla, sus titulares disponían de Heredades, que alquilaban a sus habitantes bajo un concepto de renta perpetua. La transmisión oral de Hormilla recoge a un personaje llamado “el señorito de la Torre”, el cual se llama José Ignacio Arrieta Mascarua, quien ha de ser el que provoca el largo juicio. Este hombre titular del Mayorazgo de Londoño fue probablemente un emigrante a las Américas, dónde se casó y tuvo descendencia.
Vuelve a Hormilla y en los lugares de propiedad del Mayorazgo Londoño, efectúa tomas de posesión pintorescas que son recogidas en la crónica del Pleito de La Torre. Muere sobre 1820 y son sus descendientes quienes protagonizan con el Alcalde Bruno Barasán y los demás vecinos de Hormilla el famoso juicio, conocido por todos nosotros gracias a la transmisión oral.
El Mayorazgo se había convertido en un contrato de arrendamiento que la familia Londoño quería prorrogar a lo largo del tiempo, no así los vecinos de Hormilla, los cuales no veían ningún tipo de interés por parte de los descendientes de Londoño, distinto al de cobrar las rentas pues “los amos” no habían realizado a lo largo de los siglos ninguna acción típica de propietario. Cuentan los más ancianos del pueblo que sus mayores comentaban que “el señorito de la Torre” sólo iba al pueblo a cobrarles la renta y a ejercer el derecho de pernada que decía tener.
La sentencia de 1867 seguiría otorgando a los Mascarua la propiedad del Mayorazgo en Hormilla. Los vecinos de Hormilla se niegan pertinazmente a pagar las rentas y entre todos, cada uno aportando lo que buenamente puede, costean el procedimiento judicial que llevarían a cabo el famoso abogado D. Ignacio Alonso natural de Santo Domingo de La Calzada y el procurador D. Antonio Martínez Acosta, consiguiendo la sentencia de Burgos a favor de los vecinos de Hormilla en 1890.
Fue tal el alborozo y la alegría de la población que cuando tras el triunfo se recibió a estos juristas, los mozos de Hormilla, desengancharon los caballos que tiraban de la carreta, en la que venía D. Ignacio y D. Antonio, y la subieron a hombros, junto a sus pasajeros, desde el empalme de la carretera de Santo Domingo hasta la Plaza Mayor del pueblo. Siguieron muchos días de fiesta y aún hoy, se recuerdan aquellas fechas jubilosas. En el pueblo de Hormilla, estos dos magníficos juristas, tienen sendas calles dedicadas.
“Los jueces de 1890, pues, con divisiones de razonamientos jurídicos tremendamente progresistas terminaron por derribar los muros que ya seriamente habían dañado los tercios de razonamientos jurídicos de los Jueces de 1519.
Los beneficiarios de esta guerra judicial han sido los vecinos de Hormilla. Los Jueces que no hacen la Historia, al resolver las historias, a veces, se convierten en vanguardia de los tiempos; signifique lo que signifique esta expresión”(Alfredo Fernández Benito-Jurídico Militar y Juez Togado Militar. Pamplona 1990)